Dolores Hidalgo, donde José Alfredo es “el rey”

“…Yo ahí me quedo paisano, allí es mi pueblo adorado”, afirmó José Alfredo Jiménez en una estrofa de su canción Camino de Guanajuato, refiriéndose a la ciudad de Dolores Hidalgo…Y así fue.

Por Laura Llerena

Tras 45 años del fallecimiento de José Alfredo Jiménez, pareciera que el famoso cantautor mexicano nunca se fue de Dolores Hidalgo, Guanajuato, este poblado ubicado “tras la lomita”, que lo recuerda en cada lugar, en cada trago, en cada comida, en cada borrachera.

Ya sea en una cantina, en una plaza, un parque o una cafetería; en algún souvenir, en el nombre de un helado o en una anécdota, los habitantes de este destino siguen manteniendo intacto su recuerdo.

Para fortuna de sus fans, quienes llegan desde muchas partes del mundo, es posible hacer un tour musical por la urbe que vio nacer a “el rey”.

El primer punto de visita es la Casa Museo José Alfredo Jiménez, ubicada en la calle de Guanajuato 13, justo en el centro de Dolores Hidalgo, a unas cuadras de la plaza principal, que fuera la casa donde vivió el enamoradizo charro, hasta los 11 años, edad a la que emigró a la Ciudad de México.

José Azanza, actual presidente del Comité de Turismo de Dolores Hidalgo y sobrino directo de José Alfredo Jiménez, cuenta que hasta este recinto llegan turistas de Estambul, Rusia, Grecia, Sudáfrica, Estados Unidos, Colombia, Afganistán y muchas partes de México con historias muy bonitas: “Hubo un doctor americano que le dijo a mi papá: ‘yo tengo tres meses de vida y aprendí a amar a México por mi esposa que es mexicana. Ya me voy a morir y mi último deseo fue conocer la casa de mi amigo’”.

Fue Paloma, la hija de José Alfredo, quien tras varios años de labor, pudo al fin recuperar la casa que, en temporada alta, llega a recibir hasta mil personas diarias y que en 2015 fue la casa-museo más visitada de México, según datos de la UNAM.

La casa que le rinde homenaje

En nueve salas, que llevan el nombre de alguna de las canciones del compositor dolorense, ubicadas alrededor del patio de la casa que resalta su arquitectura provinciana, los viajeros pueden conocer la vida y obra de este personaje que siempre llevó en alto la música mexicana. Alberga objetos, vestuario, instrumentos, partituras, fotografías, ambientaciones sonoras, videos, discos, trofeos, diplomas y anécdotas sobre el ir y venir de José Alfredo Jiménez.

En la primera sala se muestra una enorme pintura creada especialmente para el museo, por el artista Octavio Ocampo. La obra se llama José Alfredo Jiménez y en ella se mira de lejos la cara del cantante con su clásico sombre de charro; pero al acercarse, se admira cada detalle donde el pintor plasmó un poco de la vida del intérprete de Un mundo raro.

Se observa, por ejemplo, la devoción que José Alfredo, pintado de niño, tuvo siempre por la Virgen de Guadalupe; aparecen también muchos de sus amigos de parrandas: Pedro Infante, Armando Manzanero, Lola Beltrán, Lucha Villa, Jorge Negrete, Miguel Aceves Mejía, Chabela Vargas, Javier Solís, María Victoria y Marco Antonio Muñiz, sin olvidar a “don chonito trovador”, que fuera el primer contacto que el charro de México tuvo con la música.

Entre otras curiosidades del cuadro vemos que en la orilla del sombrero se representa en papel picado, el nombre de varias de sus canciones; el paisaje de fondo es el cerro del Cubilete, que menciona en sus trovas, y en lo alto de la pintura se muestra el rostro de su esposa Paloma y los dos hijos que tuvo con ella. Si se mira con atención se descubre que hasta las nubes tienen forma de ángeles tocando un instrumento musical.

La segunda sala: Cuatro caminos, trata sobre la infancia del compositor y los inicios de su carrera artística. La siguiente sala: Qué suerte la mía, muestra su presencia en la radio y lo que fueran sus primeras grabaciones. En la sala Paloma querida, se habla del matrimonio con Paloma Gálvez. La sala denominada El rey, exalta su éxito como compositor de más de 300 canciones. Los excesos que tuvo el artista, tanto laborales como personales, entre el desamor y su adicción al alcohol, se exhiben en la sala Estoy en el rincón de una cantina.

Finalmente, en la sala La vida no vale nada, se habla de la muerte de José Alfredo, quien fallece a causa de cirrosis hepática, a la edad de 47 años; mientras que en la sala Olvídate de todo menos de mí, se da cuenta de la permanencia de su legado en voz de nuevas generaciones de cantantes.

En el patio es posible ver un busto de José Alfredo Jiménez, además de una placa con la inscripción “La vida no vale nada”, que el entrañable charro pidió que le pusieran en su lecho de muerte.

Ofrenda de amor y admiración

El panteón municipal Dolores Hidalgo es otro punto de visita obligada tras las huellas de José Alfredo Jiménez, pues es aquí, entre su gente, donde él pidió que lo enterraran, como El hijo del pueblo que siempre se sintió y narra en su canción que lleva ese mismo nombre: “Yo no tuve la desgracia de no ser hijo del pueblo, yo me cuento entre la gente que no tiene falsedad”.

Se trata de un mausoleo que fue erigido el 23 de noviembre de 1998, para conmemorar el aniversario número 25 de su fallecimiento. El autor de la colorida obra es el arquitecto Javier Senosiain, esposo de Paloma Jiménez Gálvez, hija del cantautor.

Consiste en un gigantesco sombrero de charro en cuya base se lee el epitafio: “La vida no vale nada”, en letras de bronce. Al sombrero lo sigue un largo y ondulante sarape multicolor hecho con pequeños azulejos de Dolores Hidalgo, que representa el cerro de Guanajuato y en el cual están incrustados los títulos de 117 de sus más famosas canciones, cada una distinguida con un color diferente; el gris que corre a lo largo de la base del sarape recuerda a la canción El rey, que según cuenta un habitante dolorense, es la más importante de su carrera, la cual ha sido cantada en 20 idiomas.

Un dato curioso es que la tumba, a diferencia de las demás, está orientada en dirección al oeste, donde se oculta el sol y hace referencia a su canción La media vuelta: “Si encuentras un amor que te comprenda, y sientas que te quiere más que nadie, entonces yo daré la media vuelta, y me iré con el sol, cuando muera la tarde”.

Un recuerdo del charro consentido

Ubicado en la carretera que une Dolores Hidalgo con Guanajuato, el Parador Turístico José Alfredo Jiménez también forma parte de este tour musical. El lugar es ideal para recargar pilas luego de visitar los dos anteriores sitios, comer algún platillo de la cocina tradicional otomí y comprar artesanías de talavera que recuerdan al charro consentido. El sitio presume una estatua del compositor.

De regreso al centro de la ciudad, hay que probar el helado que lleva el nombre del artista. Se vende en la heladería “La flor de Dolores Hidalgo” y está elaborado con tequila y xoconostle.

De trago en trago

“Yo no voy a matarme por nadie, yo mi vida la vivo borracho, si me cambia por ti, qué bonito, tomaremos los dos a lo macho”, recita la canción El cantinero que José Alfredo Jiménez compuso en alguna de sus múltiples decepciones amorosas y que va bien con el tour de cantinas que se hace hacia el atardecer.

En este paseo se visitan tres cantinas que frecuentaba el compositor cada vez que visitaba su natal Dolores Hidalgo: El Incendio, adornada con muchos objetos y fotos del cantante, donde tomaba una bebida llamada “amargo” que dicen, ayuda a los males del estómago y a la resaca. Le siguen La Hiedra, con una barra de madera donde se sirven los tradicionales tequilas que tanto gustaban a José Alfredo, y por último, la cantina El Triunfo que cuenta también con decoración relacionada al charro mexicano.

El tour, que parte desde la casa-museo del artista, tiene un costo de 100 pesos por persona, se hace acompañar de un mariachi que va cantando las más célebres canciones de José Alfredo y se reparten unos mini tarros que van colgados al cuello y en los que los organizadores vierten un poco de tequila cada vez que se les solicita.

Así, mientras el mariachi entona la canción Tu recuerdo y yo:Estoy en el rincón de una cantina, oyendo una canción que yo pedí, me están sirviendo ahorita mi tequila, ya va mi pensamiento rumbo a ti”, es fácil imaginar a un José Alfredo Jiménez inspirado y embelesado en alcohol, inspirándose para componer la canción Ella, que le dedicó a Cristina Fernández, su gran amor, y que en su letra recuerda: “Quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar”.

Festival con mucho sentimiento

Por último, es necesario anotar en el calendario el 23 de noviembre, fecha en la que, con el Festival José Alfredo Jiménez, los fieles seguidores del compositor mexicano llegan hasta Dolores Hidalgo para recordarle que sigue vivo en la memoria colectiva.

Cómo puedo pagar que me quieran a mí, por todas mis canciones, ya me puse a pensar y no alcanzo a cubrir, tan lindas intenciones”, escribió para su canción Gracias, y en la que refleja todo ese amor que la gente siempre le demostró.

Esa fecha se lleva a cabo una eterna serenata con mariachi hasta el panteón donde descansan sus restos y se realiza una diversidad de eventos culturales en su honor. Se trata de una gran celebración para un gran personaje, pues como ya lo dijo Joaquín Sabina, uno de sus grandes seguidores: “Porque canta como nunca, porque gana batallas después de muerto, porque sigue siendo el rey”.

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